sábado, 19 de septiembre de 2009

Caprichos adulto/infantiles

Mi muerte fue por demás sorpresiva, me recuerdo cruzando la calle con mis flores en la mano cuando ese auto me piso, y no fue su culpa, no me vio y ciertamente yo con mi estatura no debería haber cruzado la calle solo, es que antes lo hacía todo el tiempo y nunca me pasaba nada, claro, ahora tenía que tener más precauciones, y es obvio que no las tuve.
Cuando ella se entero de mi muerte lloro mucho, semanas enteras, algunos días de tristeza, otros de bronca y algunas noches se quedó dormida llorando por culpa. Yo no creo que mi muerte haya sido su culpa, a mis 25 años creo haber estado consciente de todas mis decisiones.
Dicen, o al menos lo oí de varias personas confiables, que los mejores amores son los que nos transportan a la infancia, los que nos dejan en un estado de inocencia tan puro, que uno quiere dejar de lado todas sus responsabilidades para "jugar un ratito más", e incluso a veces tenemos que oficiar como nuestras propias madres para ponernos los pies en la tierra y "mandarnos a la cama porque al otro día hay cosas para hacer temprano".
Cuando ella se dio cuenta lo que me pasaba trato de que no nos viéramos más, de buenas y malas maneras hiso lo imposible para que esto sucediera, y si hice caso omiso a todas sus advertencias y peticiones fue porque creí que era lo correcto, y todavía lo sostengo. Es que; ¿Qué clase de ser humano deja de ver a la persona que ama solo porque cada vez que la ve se hace más chiquito?.